Biografía amplia del autor:
Juan de Mariana (Talavera de la Reina, 1536 – Toledo, 1624) fue un destacado teólogo, historiador y pensador político español perteneciente a la Escuela de Salamanca. Miembro de la Compañía de Jesús, destacó por su agudo análisis sobre las instituciones políticas, la moneda y los derechos del pueblo frente a la tiranía. Sus teorías sobre la limitación del poder real y la condena de la inflación artificial se anticiparon a corrientes económicas y jurídicas modernas, convirtiéndolo en un referente del pensamiento liberal clásico y de la filosofía política barroca.
Bibliografía principal:
- Historiae de rebus Hispaniae (1592)
- De rege et regis institutione (1599)
- De monetae mutatione (1609)
Frases sobre el poder, el gobierno y los límites del rey
No son del rey los bienes de sus vasallos.
En el supuesto de que el rey vejara a todo el reino con sus costumbres depravadas y su reinado degenerase en una manifiesta tiranía, ¿cómo podría la comunidad en que gobierna despojarlo del reino e incluso de la misma vida, si fuera necesario, si no hubiese retenido una potestad mayor que la que sus representantes delegaron en el rey?
El poder no es como el dinero, que cuanto más tiene uno es más rico, sino como el manjar que la falta y la demasía enflaquecen al que come, pues está claro, si la gente se irrita con las demasías, el que gobierna no puede resistir a tantos.
Conozcan de una vez que el poder de los príncipes es débil cuando dejan de respetarlo sus vasallos.
El príncipe no es señor sino administrador de los bienes de particulares.
Sin duda es señal que el príncipe no es grande, cuando sus criados son muy poderosos.
Prefiero un príncipe torpe que oiga, a otro agudo y perspicaz que no admita más que sus propias decisiones.
Mas cuando no queda ya esperanza, cuando estén ya puestos en peligro la santidad de la religión y la salud del reino, ¿quién habrá tan falto de razón que no confiese que es lícito sacudir la tiranía con la fuerza del derecho, con las leyes, con las armas?
Frases sobre economía, leyes y la sociedad
No hay en el mundo reino que tenga tantos premios públicos, encomiendas, pensiones, beneficios y oficios; con distribuirlos bien y con orden, se podría ahorrar de tocar tanto en la hacienda real o en otros arbitrios.
Es en nosotros un deber de humanidad tener a disposición de todos los bienes que Dios quiso fuesen comunes, ya que a todos los hombres entregó la tierra para que se sustentaran con sus frutos y sólo la rabiosa codicia pudo acotar y acaparar para sí ese patrimonio divino, apropiándose los alimentos y las riquezas dispuestas para todos los humanos.
La codicia trae consigo voluntad determinada de hacer el mal.
Cuando un asno es de muchos, los lobos se lo comen.
Las leyes son muchas en demasía, y como no todas se pueden guardar, ni aún saber, a todas se pierde el respeto.
Si baja el dinero del valor legal, suben todas las mercaderías sin remedio, a la misma proporción que abajaron la moneda, y todo se sale a una cuarta.
Lo que nunca podré yo aprobar es que hombres ociosos vayan destruyendo la república con las rentas anuales que perciben, sin más que por tener empleos imaginarios, de los que suele haber desgraciadamente un gran número, sobre todo cuando el reino está alterado y en singular desorden.
Frases sobre la naturaleza humana y la vida cotidiana
Alguien ha dicho, no sin razón, que el primero y el último día del matrimonio son deseables, pero que el resto son terribles.
La memoria del agravio dura más que la de las mercedes.
Es tal la condición del hombre, que da siempre más crédito a los pocos que aprueban sus hechos que a su conciencia y a los muchos que se los condenan.
No son las mercedes de mañana a propósito para ganar las voluntades y ser bien servido. La causa es que los hombres más se mueven por esperanza que por el agradecimiento; antes cuando han engrosado mucho, luego tratan de retirarse a sus casas.
La muchedumbre del pueblo alborotado nunca se sabe templar; o temen o espantan, y proceden en sus cosas desapoderadamente.
Muy gran valor es vencer a los enemigos con armas, pero cosa de mayor prudencia desterrar y ahuyentar los vicios de la paz.
No se pesan los votos, se cuentan, y no puede suceder de otra manera.
No se confiera tampoco a cada hombre más que un solo cargo, no se acumulen en uno solo muchos destinos y menos aún destinos de diversa índole.
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