Biografía amplia del autor:
Carlos Drummond de Andrade (Itabira, 1902 - Río de Janeiro, 1987) es considerado de forma unánime como uno de los poetas más influyentes e importantes de la historia de la literatura brasileña y de la lengua portuguesa del siglo XX. Nacido en el seno de una familia de terratenientes en una pequeña ciudad minera, Drummond se trasladó más tarde a Belo Horizonte y Río de Janeiro, donde desarrolló una prolífica carrera profesional combinando el periodismo, el servicio público y la creación literaria.
Su irrupción en el panorama cultural se consolidó con la publicación de su famoso poema "No Meio do Caminho" y su primer libro Alguma Poesia (1930), obras que marcaron la segunda fase del Modernismo brasileño. A lo largo de los años, su poesía evolucionó desde un tono irónico, cotidiano y desmitificador hacia una honda preocupación social, existencial y filosófica. Su dominio de la palabra, su mirada aguda sobre las contradicciones humanas y su sensibilidad para retratar el paso del tiempo lo convirtieron en una figura tutelar de las letras hispanoamericanas y universales.
Bibliografía principal:
- Alguma Poesia (1930)
- Sentimento do Mundo (1940)
- A Rosa do Povo (1945)
- Claro Enigma (1951)
- Lição de Coisas (1962)
Frases sobre el amor y las relaciones afectivas
¡Rápido, que el amor no puede esperar!
Del modo más natural dos cariños se buscan.
El primer amor pasó. El segundo amor pasó. El tercer amor pasó. Pero el corazón continúa.
Mi vida, nuestras vidas, forman un solo diamante.
Frases sobre el tiempo y la existencia presente
El presente es tan grande, no nos apartemos. No nos apartemos mucho, vamos de manos juntas.
El tiempo es mi materia, el tiempo presente, los hombres presentes, la vida presente.
El último día del tiempo no es el último día de todo. Queda siempre una franja de vida donde se sientan dos hombres.
Es tiempo de medio silencio, de boca helada y murmullo, palabra indirecta, aviso en la esquina. Tiempo de cinco sentidos en uno solo.
Frases sobre la condición humana, la poesía y la palabra
Yo preparo una canción que haga despertar a los hombres y adormecerse a las criaturas.
La confusión es nuestra, que olvidamos lo que hay de agua, de soplo y de inocencia en el fondo de cada uno de nosotros, terrestres.
¿Qué cosa es el hombre, qué hay bajo el nombre: una geografía? ¿Un ser metafísico? ¿Un fábula sin señal que la aclare?
Todo es posible, sólo yo imposible. El mar desborda de peces. Hay hombres que andan en el mar como si caminasen por la calle.
Las palabras no nacen amarradas, saltan, se besan, se disuelven, en el cielo libre apenas un dibujo, son auténticas, amplias, puras, insuperables.
Acércate y contempla las palabras. Cada una tiene mil rostros secretos bajo el rostro neutro y te pregunta, sin interés por la respuesta, pobre o terrible, que le dieras: ¿Trajiste la llave?
Por la calle pasa un obrero. ¡Qué firme va! No tiene blusa. En el cuento, en el drama, en el discurso político, el dolor del obrero está en su blusa azul, de paño grueso, en las manos gruesas, en los pies enormes, en los desconsuelos enormes.
No, mi corazón no es mayor que el mundo. Es mucho menor. En él no caben ni mis dolores. Por eso me gusta contarme. Por eso me desnudo, por eso me grito, por eso frecuento los periódicos, me expongo crudamente en las librerías: necesito de todos.
Algunas hojas del almendro expiran en degradado rojo. Otras apenas están naciendo, verde pulido donde la luz estalla. El tronco es el mismo y todas las hojas son la misma antigua hoja brotando de su fin mientras que vorazmente la vida, sin contraste, me destruye.
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