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Frases de Alfonsina Storni

Frases de Alfonsina Storni

 Alfonsina Storni, poetiza, nació en Capriasca, la comuna suiza del Cantón del Tesino, siendo la tercera hija de la familia Storni.
Tras cuatro años en Suiza, la familia se traslada a la provincia de San Juan (Argentina) en 1896 y más tarde hacia Rosario, un próspero puerto de la provincia de Santa Fe.
Alfonsina Storni decide estudiar la carrera de maestra en la Escuela Normal de Coronda, donde se recibe tiempo después con aptitudes sobresalientes.
Comienza a dar clases y participa en dos revistas literarias, "Mundo Rosarino" y "Monos y Monadas", donde comienzan a circular sus poemas.
El 23 de octubre viajó a la ciudad de Mar del Plata y en la madrugada del martes 25, Alfonsina Storni abandonó su habitación y se dirigió al mar.
Esa mañana, dos obreros descubrieron su cadáver en la playa. 
La noche anterior al suicidio, escribió un poema dirigido al hijo que llamó "Poema de despedida" y lo envió al diario "La Nación".


  • Afuera, sol como no he visto, sobre el mármol blanco de la escalinata. Fijos en la verja siguieron mis ojos, Fijos. Te esperaba.

  • Mas... ¿Lo que fue? ¡Jamás se recupera! ¡Y toda primavera que se esboza es un cadáver más que adquiere vida y es un capullo más que se deshoja!

  • ¿Vendrás tú? Por mis jardines vuelan ya las primeras mariposas sobre las rosas.

  • Tiempo y tranquilidad me han faltado, hasta hoy, para desprenderme de mis angustias y ver así lo que está a mí alrededor. Pero, si continúo escribiendo, he de procurarme el tiempo y la tranquilidad que para ello me harán falta.
             TIEMPO
  • En el beso de ayer hice mi viaje. Conozco tu alma.
                ALMA
  • Pero no me preguntes, no me preguntes nada de por qué lloré tanto en la noche pasada; las mujeres lloramos sin saber, porque sí: es esto de los llantos pasaje baladí.

  • Dime al oído la palabra dulce; camoatí zumbador, las letras que se asomen a tus labios han de oler a malvón, y empacarán insectos en el rojo panal del corazón.

  • Es que en medio a la selva tu voz dulce me llama...

  • Tu casa está llena de lirios, la mía sonríe amapolas. ¿Has visto rondando en mis patios ramas de tus frondas?

  • Ten paciencia, mujer que eres oscura: algún día, la forma destructora que todo lo devora, borrará mi figura. Se bajará a mis libros, ya amarillos, y alzándola en sus dedos, los carrillos ligeramente inflados, con un modo de gran señor a quien lo aburre todo, de un cansado soplido me aventará al olvido.

  • Un día, suavemente, con sus corteses modos, hizo el hombre la jaula para encerrarte allí. Y ahora te contempla, apoyado de codos, sobre el hierro prudente que lo aparta de ti.

  • Capricho, amado mío, capricho debe ser. Oh, déjame que ría... ¿No ves qué tarde hermosa? Espínate las manos y córtame esa rosa.

  • ¿Para qué más? He terminado el viaje. Tus catacumbas inundadas de aguas muertas, oscuras, cenagosas, fueron con mis manos palpadas.

  • ¿Qué hace tu sombra larga tras mi sombra? ¿Por qué rondas mi casa?

  • ¿Qué hacen tus ojos largos de mirarme? ¿Qué hace tu lengua, de llamarme, larga? ¿Qué hacen tus manos largas de tenderse hasta mis llamas?

  • Tu casa está llena de lirios, la mía sonríe amapolas. ¿Has visto rondando en mis patios ramas de tus frondas?

  • ¿Cómo decir este deseo de alma? Un deseo divino me devora; pretendo hablar, pero se rompe y llora esto que llevo adentro y no se calma.

  • Tú me quieres alba, me quieres de espumas, me quieres de nácar. Que sea azucena sobre todas, casta. De perfume tenue. Corola cerrada.

  • Luz de los astros: todos mis poros se abren sintiendo vuestros tesoros que son trasuntos de inmensidad, y en esta hora soy una cuerda, cuerda que espera que algo la muerda, para dar notas de tempestad.

  • Tienes un deseo: morir. Y una esperanza: no morir.
            ESPERANZA
  • Sólo el hombre, pequeño, cuyo humano latido en la tierra es un sueño, ¡Sólo el hombre hace ruido!

  • Gimen porque nace el sol. Gimen porque muere el sol...Todo está allí, apretado en la cuenca, donde, pájaro quieto, aguarda.

  • ¿Qué diría la gente, recortada y vacía, si en un día fortuito, por ultra fantasía, me tiñera el cabello de plateado y violeta, usara peplo griego, cambiara la peineta por cintilllo de flores; miosotis o jazmines, cantara por las calles al compás de violines, o dijera mis versos recorriendo las plazas libertado mi gusto de vulgares mordazas?

  • Mi antecesor, el hombre que habitaba cavernas desprovisto de nombre, se ha venido esta noche a tentarme sin duda, porque, casta y desnuda, me iría por los campos bajo la lluvia fina, la cabellera alada como una golondrina.

  • Una mano invisible acaricia calladamente la pulpa triste de los mundos rodantes. Alguien, a quien no comprendo, me macera el corazón de dulzura.

  • Tus manos ni se acerquen a las mías, apártame tus ojos, tus palabras...Los mohos de tus zócalos secaron raíces de mis plantas.

  • Adherida a tu velocidad, como la hoja a la rueda, lancé tímidas fechas a tus paisajes soberbios. Y sólo pequeños rincones de formas recogió mi corazón adormecido.

  • Y cigarras sonoras, y piedras calcinadas, se asoman a mis largas siestas, sin que concluya este lento desfile de puntos por mis manos. Y a ratos, en el aire que impregnan los manzanos, van y vienen dos frases: Eres mía. Soy tuya.

  • Yo no estoy y estoy siempre en mis versos, viajero, pero puedes hallarme si por el libro avanzas dejando en los umbrales tus fieles y balanzas: requieren mis jardines piedad de jardinero.

  • (...) Bebe de las rocas; duerme sobre escarcha; renueva tejidos con salitre y agua; habla con los pájaros y llévate al alba. Y cuando las carnes te sean tornadas, y cuando hayas puesto en ellas el alma que por las alcobas se quedó enredada, entonces, buen hombre, preténdeme blanca, preténdeme nívea, preténdeme casta.

  • Si en una de tus casas, Buenos Aires, me muero viendo en días de otoño tu ciclo prisionero, no me será sorpresa la lápida pesada. Que entre tus calles rectas, untadas de su río apagado, brumoso, desolante y sombrío, cuando vagué por ellas, ya estaba yo enterrada.

  • Un día habré dormido con un sueño tan largo que ni tus besos puedan avivar el letargo. Un día estaré sola, como está la montaña entre el largo desierto y la mar que la baña.

  • Que un no ser, que es un más ser, doblado, prendido estás aquí y estás ausente por praderas de magias y de olvido.

  • En verdad descarriada, que estoy de paso aquí.
           VERDAD
  • Oh, muerte, yo te amo, pero te adoro, vida... Cuando vaya en mi caja para siempre dormida, haz que por vez postrera penetren mis pupilas el sol de primavera.
            MUERTE    
  • ¿Recuerdas tú? La casa era un arrullo, un perfume infinito, un nido blando: nunca se dijo la palabra cuando. Se decía, muy quedo: mío y tuyo.

  • Pedí a las estrellas lenguaje más claro, palabras más bellas. Las dulces estrellas me dieron tu vida y encontré en tus ojos la verdad pedida.

  • ¿Y vendrás tú? Se cubren alegras, mis floreros de madreselvas. Anda por los largos canteros la risa azul del no me olvides y se cargan las vides.

  • ¡Pobrecitas y mansas ovejas del rebaño! No temáis a la loba, ella no os hará daño. Pero tampoco riáis, que sus dientes son finos ¡Y en el bosque aprendieron sus manejos felinos!

  • (...) Como a un muñeco destripé tu vientre y examiné sus ruedas engañosas y muy envueltas en sus poleas de oro hallé una trampa que decía: sexo.

  • Una mística flor, técnica y fría, que el pomo de colores, semillero de seres planos que el dibujo alienta, si bien terrestre, de un trasmundo viene.

  • Tengo el presentimiento que he de vivir muy poco. Esta cabeza mía se parece al crisol, purifica y consume.

  • Las palabras se secan como ríos y los besos se secan como rosas, pero por cada muerte siete vidas buscan los labios demandando aurora.

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