Una selección de frases chistosas, ocurrencias y juegos de palabras para reír un rato y compartir con quienes disfrutan del humor sencillo.
—Tío, perdí a mi novia.
—¿En serio? Yo también. ¿Cómo es la tuya?
—Rubia, ojos azules, alta y guapa. ¿Y tu novia?
—No, no... busquemos a la tuya.
La gracia aparece cuando el segundo personaje abandona inmediatamente la búsqueda de su propia novia después de escuchar la descripción de la otra.
“Para mi madre, todo lo que hago en el ordenador se llama ‘chatear’.”
Un chiste sencillo sobre esas diferencias generacionales en las que una sola palabra sirve para describir prácticamente cualquier cosa que hacemos con la computadora.
—¿Me da una habitación con baño?
—Le damos la habitación, pero el baño se lo tiene que dar usted.
El humor está en interpretar literalmente la palabra “baño”, convirtiendo una petición perfectamente normal en una respuesta absurda.
En la escuela, la maestra pregunta:
—Luis, ¿cómo te imaginas la escuela ideal?
—¡Cerrada, maestra!
Una respuesta inesperada que probablemente represente bastante bien la idea de escuela perfecta de más de un alumno.
—Oye, ¿qué es peor, la ignorancia o el desinterés?
—Pues ni lo sé ni me importa.
La respuesta demuestra al mismo tiempo las dos cosas sobre las que se estaba preguntando. Un juego de palabras corto y efectivo.
—Doctor, soy asmático. ¿Es grave?
—No, amigo, es esdrújula.
Uno de esos chistes malos y no tan malos que funcionan gracias al doble significado de la palabra “grave”: una condición seria o una clasificación de las palabras.
Un niño llega a su casa y le dice a su madre:
—Mamá, en la escuela me dicen peludo.
Y la madre grita:
—¡Manolo, ven rápido, que el perro habla!
El remate exagera completamente la queja del niño y convierte una simple burla escolar en una situación absurda.
El coronel dijo: “¡Sigan avanzando!”. Y todos se perdieron porque Vanzando no sabía el camino.
Un clásico juego de palabras que transforma “avanzando” en el imaginario apellido de una persona.
—Mamá, ¿puedo ver la televisión?
—Sí, pero no la enciendas.
La respuesta cumple literalmente con lo pedido: mirar la televisión no significa necesariamente mirar lo que transmite.
—¿Qué le dice una pared a la otra pared?
—Nos vemos en la esquina.
Un chiste cortísimo cuyo remate funciona porque dos paredes realmente pueden encontrarse en una esquina.
—¿Qué hace una abeja en el gimnasio?
—¡Zum-ba!
El sonido de la abeja se mezcla con el nombre del conocido ejercicio y crea un juego de palabras fácil de recordar.
—¿Cuál es el colmo de un jardinero?
—Que siempre lo dejen plantado.
“Dejar plantado” puede referirse tanto a las plantas como a alguien que espera inútilmente a otra persona.
—¿Qué le dijo un semáforo a otro?
—No me mires, que me estoy cambiando.
El cambio de luces del semáforo se convierte aquí en la idea de una persona cambiándose de ropa.
—¿Cómo se despiden los químicos?
—Ácido un placer.
Un pequeño juego fonético entre “ha sido un placer” y la palabra ácido.
—¿Qué hace una computadora cuando tiene frío?
—Cierra Windows.
El humor mezcla las “ventanas” de una casa con el conocido nombre del sistema informático.
—Papá, ¿qué se siente tener un hijo tan guapo?
—No sé, pregúntale a tu abuelo.
El padre aprovecha la pregunta para devolverse el cumplido a sí mismo.
—¿Por qué el libro de matemáticas estaba triste?
—Porque tenía demasiados problemas.
“Problemas” sirve tanto para hablar de ejercicios matemáticos como de dificultades personales.
—¿Qué hace una vaca cuando sale el sol?
—Sombra.
La pregunta parece anticipar una acción complicada, pero la respuesta es tan literal que ahí está precisamente el chiste.
—¿Qué hace un pez?
—¡Nada!
Uno de los juegos de palabras más conocidos: “nada” funciona como respuesta negativa y también como el verbo nadar.
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